La trágica historia del Doctor Fausto (1604)
FAUSTO.- Una cosa, buen sirviente, quiero pedirte para satisfacer el deseo de mi corazón, y es tener por amada a esa celeste Elena a quien vi hace poco y cuyos dulces abrazos pueden extinguir estos pensamientos que me apartan de mi promesa. Así cumpliré el juramento hecho a Lucifer.
MEFISTÓFELES.— Fausto, eso o lo que desees se cumplirá en un abrir y cerrar de ojos.
(Entra Elena.)
FAUSTO.- ¿Este fue el semblante que lanzó a la guerra mil buques e hizo arder las enormes torres de Ilion? Dulce Elena, hazme inmortal con un beso. (La besa)
Sus labios absorben mi alma; ya veo a dónde vuela. Ven, Elena, ven y devuélveme mi alma. Aquí me quedaré, porque el cielo está en tus labios y es hez todo lo que no es Elena.
Yo seré Paris y por tu amor, en lugar de Troya, saquearé Wurtengerg, y combatiré con el débil Menelao, y llevaré tus colores sobre las plumas de mi yelmo. Sí, y heriré a Aquiles en los talones y luego tornaré a Elena para pedirle un beso. ¡Oh, tú eres más bella que el aire de la noche revestido de la beldad de mil estrellas; más esplendente que el flamígero Júpiter cuando se apareció a Semele; más gentil que el monarca del cielo cuando reposa en los azules brazos de Aretusa; nadie sino tú será mi amada!
►La trágica historia del doctor Fausto (1604)
Christopher Marlowe
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